martes, 28 de junio de 2011

El alimento que más añoro:



Soy una persona que disfruta muchísimo de comer, y no es algo que adquirí de grande. No solo me gusta comer, sino también, lo que eso implica –en la mayoría de las veces- compartir. Creo que los argentinos tenemos como costumbre comer cada vez que nos reunimos, cuando festejamos, cuando estamos tristes, nerviosos, básicamente en todo tipo de situaciones, y eso es algo que creo que incorpore muy bien.

Cuando era chica casi todo se arreglaba con algo rico, no solamente cosas dulces, la comida de mama, salir de paseo y comer un tostado, un helado, prácticamente cualquier cosa. Tengo el recuerdo de haber sido sobornada varias veces en mi infancia, por mis hermanas, y después yo utilizaba esto a mi favor, “Ami no le digas a mamá que no dormimos la siesta” y después de eso venia un chupetín o algo por el estilo.

Hoy además de comer, me encanta cocinar también eso viene de cuando era chica, cuando jugábamos las cuatro juntas con masa que preparaba mi mamá y después la obligamos mamá a cocinarla para después comerla, y ella se las tenía que arreglar para hacer una nueva sin que nos demos cuenta para que sea comestible, y no algo manoseado, todo lleno de tierra y bacterias.

Creo que no podría quedarme con solo un alimento o golosina, tengo muchísimos recuerdos de cosas que aun hoy me siguen encantado, y las disfruto como en esos días. Algunas de ellas son las comidas especiales que le pedía y le sigo pidiendo a mama, las tortas, los helados, las gomitas azucaradas, unos chupetines en forma de patita que lo llenábamos de un polvito que hacía que nos haga un ruidito muy particular en la boca que además de ser riquísimo era de los más divertido y sorprendente, y ni hablar de cuando me llevaban al circo y comía manzanas acarameladas con pochoclos o algodón de azúcar, era el combo perfecto, práctica que sigo manteniendo, porque me encanta volver al circo con mama y disfrutar de todo esto.

Algo que si añoro, creo que no es un alimento, sino la sensación de que mama nos consiente, nos cuida, está con nosotros, es el momento en que abría la bolsita del jardín y veía una bolsita de gomitas, que tenían que der de ositos –aun hoy siguen siendo mis preferidas-, un juguito, algunas galletas, y lo mejor para el final, un batón de chocolate negro, que todavía siguen viniendo exactamente igual a como venían antes, solo que es un poquito complicado conseguirlos, pero si los veo no pierdo la oportunidad de comprar uno, y después contárselo a mi mamá, porque ella sabía que moría por eso, y a veces, que es más lindo todavía, ella me trae uno, y es de cierta forma, como abrir la bolsita del jardín y saber que mama esta conmigo.

domingo, 26 de junio de 2011

El asado:


El asado en mi familia es infaltable, cada domingo es la excusa perfecta para poder reunirnos, y si un domingo no lo hacemos –que es muy raro- lo hacemos en la semana.

Para mí el asado no es solamente la riquísima carne a la parrilla con un aroma único que anuncia un día familiar, que prácticamente no se puede cambiar por nada, si no es un rencuentro, un hogar, mi familia, el trabajo en equipo, poder estar una vez más en la semana con mi gente, que podremos discutir, distanciarnos, enojarnos, pero cada uno de ellos son parte de mi.

El asado en mi familia, por más que se repita cada domingo sigue siendo un acontecimiento especial, que como dije anteriormente prácticamente no se puede cambiar por nada. Desde hace unos años al esperado asado se le sumo la comida al horno de barro, otro evento intensamente. Una vez que decidimos utilizarlo implica toda una organización y la espera del día elegido para esto. No vamos a negar que es exquisito lo que cocinamos en el, pero también es demasiado divertido, porque en este caso, sí que trabajamos todos juntos. Normalmente es un domingo, y cuando cocinamos aprovechamos para hacer de todo, por lo que tenemos que trabajar todos, hacemos pan, empanadas, verduras, pizas, donde mientras que unos hacen una cosa los otros hacen otras para que salga finalmente el resultado tan esperado, una rica comida en familia.

Cada domingo se realiza el esperado asado, que comienza con el ritual de las ensaladas y de algunas cosas especiales para empezar a picar. Después la clásica pregunta de mi papa “a qué hora quieren que esté”, que no sé cómo hace, pero siempre está para la hora pedida, ya sea en media hora o dos, y por supuesto que es el mejor del mundo. Después llega mi tío y mi primo, y muchas veces se suma algún invitado más, que conoce nuestro encuentro familiar.

Después, ya con la mesa puesta, las ensaladas listas, y el asado casi hecho para todos los gustos, empieza la mejor parte, compartir la mesa con todos y con la riquísima comida. Una vez que terminamos la primera parte nos vamos turnando, los mas chicos, que ya no somos tan chicos, pero quedo la tradición, y no lo digo por mi sino por mis hermanas y mi primo que ya tienen mas de 20 jaja, de ir buscando el resto de la carne a la parrilla. Una vez que terminamos de comer, que normalmente tardamos mucho, no porque comamos lento, sino porque comeeemos mucho y nos entretenemos con charlas que habitualmente terminan con alguna discusión por política, religión, o algún otro tema que encuentren para discutir, pero que no deja de ser divertido, por los particulares argumentos que se utilizan.

Luego viene la entretenida sobremesa, que muchas veces se comparte con algún café, o algún postre improvisado, que se extiende hasta las 5 de la tarde mas o menos.

En fin, el asado en mi familia es, y espero que lo siga siendo todo un acontecimiento, mas allá de que se haga todos los domingos, porque no pierde el significado que le damos todos, un dia mas para encontrarnos y disfrutar con mi hermosa familia.